10 netas que me dejaron los 20’s

Después de los veinte, crecí de golpe. Para bien, claro, porque el cerebro se me abrió: estaba mojadísimo, excitado por tantas aventuras. Viaje, tras viaje. Terrenales, verbales, astrales y psicodélicos. ¡Qué pinche afortunada me siento! Si tuviera que contar las cosas más chidas que he vivido, simplemente no sabría por dónde empezar. Se me aglomeran las imágenes en las pupilas. En fin, el punto es que ya maduré o algo así [inserte risa nerviosa].

Hay tantas cosas que quisiera decir que necesito empezar por algo y eso es por los aprendizajes que he logrado durante toda mi transformación de oruguita a mariposa porque, al final, de eso se trata la vida, ¿no? Hay que moverse, cambiar, mejorar. Después de todo, lo que no evoluciona, perece. Y, antes de que perezcan de aburrimiento, aquí mi lista de cosas que aprendí a la mala:

1.- Querer es bien bonito.

He conocido a muchas personas que, en algún punto de la vida, me han salvado. Lo curioso, y a la vez mágico, es que han sido desconocidos que con el tiempo se han convertido en amigxs a los que siempre tendré algo que agradecer. La realidad es que cada vez es más difícil encontrar personas valiosas, así que, si encontramos alguna, hay que abrazarla mucho, quererla y cuidarla, bien y bonito.

2.- La gente sí cambia.

Desde mi cumple número veinte no he dejado de cambiar, y de crecer. Cada año que pasa he aprendido algo nuevo sobre la vida, sobre las personas, y por supuesto, sobre mí misma. Todo eso me ayudó a pasar de ser una niña súper tímida, conservadora, reservada, frágil e insegura a una morra chingona, extrovertida, aventurera, madura, bien plantada y resilente. Cambié porque no me gustaba la persona que era antes, así que decidí convertirme en la persona que deseaba ser, y hoy nada me hace más feliz que eso.

3.- Decir ‘no’.

No solo está bien, sino que es necesario hacerlo. Muchas veces accedemos a estar en situaciones en las que no nos sentimos cómodxs o segurxs, por temor a ser juzgados y eso solo habla del enorme temor que le tenemos al rechazo. El ejemplo clásico de la peda:

X. – ¿Una chelita?

Y.- No gracias, ya me voy.

X.- Ay no manches, ¿me vas a despreciar?

Y.- Bueno, solo una y ya.

Pongo este ejemplo porque me ha tocado estar de los dos lados, ¡pero ya no más amigxs! Al fin entendí que: 1) No está padre cuestionar los deseos de las personas ni forzarlas a hacer algo solo por compromiso. No es no. 2) Simplemente ya no estoy dispuesta a hacer algo que no quiero hacer.

4.- Lugar favorito: mi hogar.

Antes buscaba cualquier pretexto para no estar en mi casa, hoy solo espero estar libre para llegar a ella. So what the fuck? Pasó que convertí una simple casa en mi hogar, en un espacio en donde está todo lo que más amo: mi hermoso perrito, mi gato insolente, mi novio todo pinche guapo, mi bici bien chula, las fotos de mis viajes, la mesa donde me siento a escribir, el sofá donde me siento a chillear y todo mi bendito kit para disponerme a fumar porque #stoner ¡cómo de que no! Igual y piensan «eso qué» pero la neta es que, hacer de tu casa tu lugar favorito es toda una conquista porque, al final, es ahí donde empieza y donde termina tu día y, si no te sientes chido ahí, ¿entonces dónde chingados?

5.- Lo que das, regresa a ti.

Muchas veces creí que daba más de lo que debía: más amor, más tiempo y más interés del que recibía a cambio. No entendía por qué, por alguna razón, las personas no me correspondían. Hasta llegué a pensar que yo era una persona difícil de amar ja ja ja, pero qué estupidez, ¡si yo soy un pinche amor! Al fin comprendí que dar tanto siempre fue lo correcto, lo único incorrecto era a las personas a quienes elegía para dicha entrega. Hoy, por fortuna, solté a esas personas y estoy lista y feliz de que ese amor, ese tiempo y ese interés ha regresado a mí a través de nuevos rostros.

6.- Evitar el drama.

No tengo el interés ni las ganas de hacer drama por nada, y por eso mismo no tolero el drama hacia mi persona, en ninguna de sus vertientes. Venga de quien venga: hueva. Yo sé que mucha gente ama hacer de sus vida una novela pero, neta ¿qué necesidad? Hablando se entiende la gente, y si no se puede llegar a una solución a través del diálogo, Thank you, next!

7.- Calidad, no cantidad.

Nunca pensé decir esto pero: si tuviera que elegir entre reunirme con un viejo amigo en un bar para tener una conversación sólida e interesante o ir a una súper party con treinta conocidos, a los que les valgo madres, definitivamente elegiría la primera opción. Ojo, no me mal entiendan: aún me encanta fiestear, perrear y ponerme hasta las manitas, pero ahora quiero reservar esos momentos para compañías bonitas.

8.- Mi tiempo importa.

Siempre he sido buena escuchando y aconsejando a las personas, pero cuando soy yo quien necesita ayuda, no encuentro lo mismo del otro lado. Por algún tiempo me resigné a que las cosas fueran así porque pensaba que no todos teníamos los mismos talentos, pero ya tuve suficiente de eso y no pienso seguir justificando a la gente. Ya no quiero ni puedo perder mi tiempo en donde no soy correspondida porque mi tiempo, al final de cuentas, es la vida que tengo, y no pienso gastarla en lugares o con personas con quienes no voy a florecer. Esto aplica en todos los aspectos de mi vida.

9.- Somos los que estamos.

Y estamos los que somos. Mi puerta está abierta para que salga quien tenga que salir, y que entre quien quiera entrar. Eso sí, me reservo el derecho de admisión, joven. Lo cierto es que no le pediré a nadie que se quede si ese no es su deseo. La última vez que intenté retener a alguien fue a mi ex novio, y no salió nada bien – si lees esto, ¡Holi, buena vibra! Gracias por la lección.

10.- Yo soy lo más valioso que tengo

Nunca fui de la idea de tomar turno y esperar algo o a alguien para que llegara a salvarme. Cuando no sabía qué quería, salía a buscarlo. Me equivoqué un chorro de veces, obviamente, pero muchas otras funcionó de maravilla. Hoy sé que todo lo que necesito para ser feliz está en mí. Suena a cliché, sí, pero no hay nada más cierto: yo soy la única responsable de mi felicidad así que yo me hago cargo de construirla y, por supuesto, de defenderla.

No sé cuánto les pueda servir esto porque, como sabiamente dice mi abuela, «nadie experimenta en cabeza ajena», pero yo me quedo con la satisfacción de compartir un poquito de lo mucho que he aprendido en estos veintinueve añitos.

Además, cada punto suena más fácil de lo que en realidad es pero, como les dije en un principio: todo esto está basado en hechos reales y todo, todito, lo aprendí a la mala. Tuve que pasar por un chingo de descalabros para entender todo lo que ahora sé, pero les juro que no cambiaría absolutamente nada y eso habla de que lo estoy haciendo muy bien.

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