Mi vida, mis reglas

Al final, ¿cómo es la cosa? ¿Uno lleva la vida por delante o la vida se lleva por delante a uno?» 

Mafalda

Me rehúso por completo a ser víctima de mis circunstancias. Aunque desde pequeña mi vida fue algo… irregular, es justo decir que siempre tuve lo fundamental para alcanzar un futuro aceptable, sin grandes carencias y con cierto confort – pseudo – clasemediero. No obstante, siempre había pedos, muchos y de todo tipo.

Desde morra me topé con un chorro de problemas familiares, de salud, económicos y, por supuesto, sociales. El asma jodió mi niñez de múltiples maneras, era alérgica a todo y me la viví un buen tiempo en hospitales para corregir esto y aquello. Era hija única (forever alone), cuatro ojos, nerd, súper tímida, bien portada y obvio, muy lista (ay, goooeey).

Desde ese gran inicio de chick flick, las cosas no han parado, pero hasta ahora me he rifado, porque simplemente no nací para rendirme ni para valer verga. Nací para ser feliz, para ser chingona. Peeeeero, aguantar vara, auto terapearte, ser fuerte y aferrarte a lo que amas, requiere ovarios. No cualquiera, compas. #nocierto #sícierto

Para que se den una idea: el año pasado me la viví meses en el hospital porque mi abuela materna, que es mi ejemplo a seguir en la vida, estuvo enferma de gravedad. Los doctores nos dijeron que difícilmente lo lograría. Aún así, logró sobrevivir a dos operaciones de alto riesgo y recuperarse como la guerrera que es. Mi madre también estuvo hospitalizada después de una operación. Para colmo, yo también tuve que someterme a una cirugía menor. Aunado a eso, me separé de mi ex novio, lo que implicó muchos cambios logísticos y económicos. 

Cuando comenzó el 2019 pensé: «a huevo, este sí va a ser mi año», ¡y sopas! Mi gatito estuvo muy enfermo durante dos semanas y, después de consultas, estudios y un diagnóstico muy desalentador de leucemia felina, optamos por dormirlo; tiempo después me tiraron de la bici cuando iba hacia mi chamba (espején y plis, ¡no sean ojetes con los ciclistas!); más recientemente intentaron asaltarme; todo esto aunado a la chambota de ser adulto, pagar deudas, deber money y lidiar con personitas tan tóxicas que infectan todo lo que tocan .

¿Bad luck Mar o qué pedo? No fuckin way! Ante una mala racha (o varias) solo hay dos opciones: 1) tirarnos al piso y preguntarnos: ¿por qué a mí? ¿por qué a mí, que soy tan buen pedo? snif, snif…. o 2) reflexionar, ¿qué tengo que aprender de esto que me está pasando?

Yo no me quedo con el dolor de ver cómo mi amada abuela casi muere, sino con el agradecimiento de que aun está vivita y coleando, porque puedo escaparme cada fin para desayunar con ella y ver esos ojitos que me llenan de amor todito el corazón. No me quedo con el mal viaje de dormir en hospitales y el miedo a una cirugía, sino con amor y respeto hacia mi cuerpo que tanto me lleva de aquí apara allá. No me quedo con la muerte y la ausencia de mi gatito, sino con toda la ternura que me inspiró para acoger a otro minino que también necesitaba un hogar. No me quedo con una relación fallida, sino con una nueva oportunidad para amar bien y  bonito, como siempre lo deseé.

Bien podría ser una morra amargada que quiere desquitar su mala suerte con el resto del mundo. También podría tirarme al piso y esperar a que alguien me recoja (uy, qué ricooo, lol), pero eso no es para mí. Aunque por mucho tiempo estuve llena de dudas, hoy puedo decir que cada cosa culera que me ha pasado se ha convertido en una herida de guerra que me enseñó a que nada puede tirarme, a menos que yo lo permita.

Desde hace mucho tiempo dejé de ser la niña ingenua, tímida, temerosa y bien portada porque esa versión de mí me quedaba chica. Tomé todas las herramientas que me servían y me deshice de aquello que no me permitía crecer. Dejé la base y sobre eso construí, poco a poco, la versión que siempre deseé: confiada, verguerita, mal hablada, sociable, extrovertida, aventurera, y con la mente y el corazón bien abiertos para amar el mundo que me rodea.

¿Fue fácil? ¡En lo absoluto! Me tomó años de pedos mentales, luchas internas, lecturas, cursos, terapias, yoga, drogas, borracheras, noviazgos, amistades, viajes y miedos. Deconstruir y reconstruir el mundo que se nos enseñó es una chambototota que duele, cansa y asusta, pero vale todita la pena.

Abrir los ojos es un primer paso para vivir vidas más reales, más auténticas y que se ajusten a lo que realmente somos y queremos. Yo, simplemente no soy capaz de cerrar los ojos nuevamente, y hacer como que nada pasa cuando me topo con realidades amargas sobre racismo, corrupción, violencia, poder, misoginia, prostitución, capitalismo, o el fin del mundo… ¡vergui, qué intensa! ¿ño? ¿Pues para qué les digo que no, si sí? Nací para sentir mucho, nací para sentir todo (sin albur) #osí #guiñoguiño.

Habría sido infinitamente más fácil seguir cegada o quejarme de toda mi mala suerte y odiar al mundo pero neh, eso es para débiles mentales, bandita frustrada que se clava en lo malo y que, como no sabe crear nada chido para sí ni para nadie, opta por destruir.

Yo, (me) construyo: aprendí a crear una nueva yo más auténtica, más libre, más real, más franca y transparente conmigo misma. Tejí mi propia definición sobre el ideal del amor romántico, la libertad, y el mundo en sí mismo. Edifiqué un hogar desde, por y para mí, y se siente muy bien.

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