El síndrome Dorian Gray

¡Qué importan los años! Lo que importa es comprobar que, a fin de cuentas, la mejor edad de la vida es estar vivo.

Mafalda.

A propósito del año nuevo (sorry por mi delay lol), he notado que cada año que pasa se intensifica esa fastidiosa obsesión que aqueja a la mayoría de las personas inmediatamente después de su cumpleaños número veinticinco. Es a partir de ahí que los siguientes años se reducen a simples salas de espera que anuncian el estrepitoso acercamiento del tan temido tercer piso. 

Contrario a lo que se entiende por el piso del siguiente nivel, parece que se trata de un acantilado en donde, entre ofuscación, miedo y dudas, todxs desean que la hora anunciada posponga su llegada. Son tan grandes y tan profundos los miedos y preocupaciones por cumplir treinta años que me da la impresión que, al cruzar esa línea de no retorno, nos iremos en picada directo hacia la senectud. No digo que esto no sea cierto porque sí, lo es (ni pedo), ¿pero neta tenemos que ser tan catastróficxs?

Entiendo que tener veintitantos suena cool e implica desbordarnos siendo chavitxs, pero esto no es imperativo ni limitante. Es decir: hay morrxs de veintitantos con almas viejas, cansadas. No tienen ideas, ni ganas, ni sueños, ni energía ni coraje, ni amor. Son cuadradxs, no cuestionan nada y se mueren de miedo al pensar en salir de la rutina, a lo anormal, a la locura, a la aventura. Por otro lado hay personas de más de treinta que poco les importa su edad, igual se rifan en cosas que ni en sus mejores sueños podrían lograr muchos con menos años. Disfrutan el momento, se alocan. Disfrutan beber o bailar o cantar. ¡O todo junto!

“La edad está en la mente” tiene de cliché lo mismo que tiene de cierto. La edad física nada tiene que ver con la edad mental. El cuerpo físico, material, cambia, envejece, se atrofia, pero también crece, aprende, evoluciona, y ahí está toda la magia y, para mí, lo vital: vivir. 

Me aterra pensar que la vida es un camino lineal en donde la edad física es una limitante que paraliza, que te impide salir a bailar, tontear, coger, jugar o brindar con tus amigxs. De compas, se los digo: ¡qué hueva sentirse “viejx” después de los 25! Si es antes mejor ni hablamos. ¡Ánimo y suerte en los 30s! ja ja ja

Ya, neta. Ojo, decir “no se sientan viejxs” no es decir que se la pasen en la pinshi party, pisteando o desmadrando siempre (o shi, guiño, guiño) #bromi #not (inviten) – … ejem, si no de mal viajarse por su edad y querer forzar las cosas. Por forzar las cosas hablo de apresurarnos a ponernos el disfraz de bien portadxs.

Hagan lo que quieran hacer cuando les plazca: estudien una maestría, viajen, sean fit, cuiden lo que comen, corran maratones, tengas bebés, emprendan, cásense o sigan fiesteando, pero vayan a cumplir cualquiera que sea su sueño. Solo asegúrense que sea porque así lo quisieron, no porque sienten que tienen que, o deben que. No mamen.

Porfis, hagan lo que sea que traiga felicidad a sus vidas. Si quieren dejar la fiesta para «sentar cabeza», pues van, rífense, pero suelten de una vez ese discurso paranoico de «ya estamxs viejxs», ¡la vida no se acaba a los 30, no chinguen!

Si tanto les gusta ser chavitxs, sigan siéndolo y ya, aunque les digan chavorucxs, que les valga tres kilos de serpentina. Si, por otro lado, quieren actuar socialmente «conforme a su edad», también háganlo y dejen en paz a quienes no elijan el mismo camino que ustedes.

Final alternativo: si ya están decididos a ser ancianitxs porfi sean abuelitxs chidxs. 

Básicamente, ¡seamos felices!

Bye, nunca cambien.

(Obvio sí, cambien, no mamen).

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1 comentario

  1. La edad sólo es una medida relativa, no se puede tener una referencia exacta y justo como dices, la edad no limita y si sienten que lo hace es por mentalidad (claro, no en todo como algunas cosas fisicas).
    De acuerdo en vivir el momento pero también observar lo que hay por delante ya que luego a mayor edad (cuando la carne se atrofia) de ve gente con preocupaciones.

    ¡Excelente post!

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