Manual para alivianar el alma

Cuando me hice una mujercita adulta (ay sí, no), descubrí que la vida podía ser tan perra o tan chida como me lo propusiera. Desde que salí de la Uni convertida en una estudiante pseudo hippie, medio chaira, idealista y romántica, con ganas de comerme el mundo, descubrí que la realidad distaba de ser esa utopía rosada que me aferraba a ver.

Años después de andar rodando por diferentes chambas, de dar el rol por la ciudad y por el país, de topar a benditas fresas, hipsters, metaleras, chacas, hippies, trotadores de mundo y demás etiquetas obsoletas, entendí que sí, la vida estaba bien cabrona, pero siempre que me paraba a enfrentarla sin miramientos, llena de confianza, amor y buena onda, las cosas salían mucho mejor y siempre terminaba saliendo de las malas rachas con una sonrisa de oreja a oreja porque, después de toda la mugre, la mala onda, las decepciones, mentiras y lo que quieran agregar, siempre, SIEMPRE, terminé ganando una enseñanza. Mejor aún: cada golpe, cada bajón y todas las veces que toqué fondo, sirvieron para hacerme una morra más fuerte, más segura y más decidida a seguir siendo feliz a su manera.

Sé que todo esto suena fácil o hasta bobo, pero neta, no podía dejar de compartir algunas de las cosas que he aprendido durante estos 6 años desde que dejé la vida de estudiante para convertirme en lo que había jurado destruir: una zombie godín alienada (nocierto, sícierto).

En fin, sé que mi vida no es el mejor ejemplo pero nunca me interesó que lo fuera. Si midiera mis logros acorde con lo que el mundo suele entender por “éxito” sin duda estaría jodida: no tengo fama, no cago varo, ningún Maluma ni sugar daddy se ha enamorado perdidamente de mí y lo único material que he ganado ha sido un microondas en una rifa de fin de año así que sí, podría decirse que estoy pa’l perro.

La otra perspectiva (la mía, la chida y la que realmente me importa) es que he aprendido tanto, que hoy puedo decir que he ganado. Hoy, a mis 28 años, tengo la certeza de ser yo misma, de ser auténtica con los que me rodean y sentirme cómoda con eso. En este momento de mi vida puedo darme el lujo de haber superado un montón de miedos, de liberarme de muchas chaquetas mentales y sociales y, gracias a todo esto hoy soy un poquito más libre, o menos esclava (vaso medio lleno o vaso medio vacío, ustedes elijan).

Si pudiera resumir todo lo que he aprendido creo que me quedaría con la forma en que mis pensamientos han evolucionado y cómo mi mente ha aprendido a interpretar la realidad desde una perspectiva un poco menos aprehensiva y más sana. Si se preguntan cuáles son esos pensamientos en concreto, creo que, entre todo lo que me viene a la mente, los puntos medulares serían estos:

  1. All you need is love!

Piensa por un momento: si conocieras al amor de tu vida, ¿estarías dispuesto a todo por hacerlo feliz? Perfecto, porque guess what? ¡Tú debes ser el pinche amor de tu vida! Sólo así puedes amar a otros, sólo así se puede amar la vida. Así que quiérete un chingo, atrévete a conocerte, aprende a estar contigo mismo y a convertirte en tu mejor compañía.

2. Los errores de otros no te definen.

Todos, absolutamente todos, vamos por el mundo llenos de traumas, quejas, complejos, miedos, blah, blah, blah. Lo curioso es que la mayor parte de la gente le echa a la culpa a sus papás que los abandonaron, a sus parejas que no los aman como se merecen, a sus jefes que no los valoran o a sus hijos que son unos mal agradecidos. Ok, va, se los compro todito pero, ¿y eso qué? ¿Se van a esperar a que todos vean lo genial que son para comenzar a ser felices? ¿Y si eso nunca pasa? ¿Ya valió?

3. El mundo no gira alrededor tuyo.

Eres una de las seis mil millones de personas que habitan este planeta, así que no eres tan importante como tu ego te hace creer. No siempre te saldrás con la tuya, ni tendrás la vida perfecta, ni te rendirán homenaje, ¡pero no es tan malo! De hecho, poner los pies en la tierra y aplacar el ego de vez en cuando es muy liberador.

4. La vida está cabrona: ¡supéralo!

Seguramente tienes mil problemas, accidentes, miedos, frustraciones, decepciones, desilusiones, enfermedades, separaciones, en fin. Por mucho que lo desees, las cosas no pueden ir siempre bien, y en estos casos no queda más que aguantar vara y demostrar de qué estás hecho. Lo importante es aprender a ser más fuerte que cualquier problema (aunque esto nos tome años, más vale lento pero seguro).

5. No te quedes tirado.

Se vale bajonearse, llorar y estar medio depre de vez en cuando, solo no exageres. Si tu cerebro funciona correctamente y produce los niveles indicados de serotonina y dopamina, no tienes excusa para vivir tirado, compadeciéndote de ti mismo. Acepta tu tristeza y permítete sentirla mientras tomas fuerza para recuperarte y superarla porque, ¿qué crees? Para bien y para mal, todo, todito, pasa.

6. Los errores están para cometerse.

La vas a cagar muuuchas veces pero no hay pedo, siempre hay algo que aprender y la oportunidad de intentarlo de nuevo. Eso sí: no te la vivas cometiendo los mismos errores porque qué flojera, ¡habiendo tantos nuevos por cometer! (guiño, guiño).

7. Cero expectativas.

Es difícil de creer pero: ni la vida ni las personas te deben absolutamente nada. Como dicen por ahí, “cada cabeza es un mundo”, y cada quien va por la vida intentando pasarla lo más chido posible (bueno, algunos hacen exactamente lo opuesto pero son casos raros), así que no van a tomarse la molestia de averiguar qué te hace falta, qué necesitas o qué pueden hacer por ti porque están suficientemente ocupados viviendo sus vidas. Recibe lo que quieran darte y lo que no, ni lo esperes. Esto te evitará muchos descalabros.

8. Tu vida, tus reglas.

A menos que te conformes con ser una réplica recién incubada de un molde de gelatina, deja de comparar tu aspecto, tus éxitos, tus relaciones y, en general, tu vida, con los de los demás. Asume el control de lo que realmente quieres y no permitas que nadie te convenza de lo contrario. No hay nadie mejor que tú para vivir tu vida, así que agárrate los ovarios, toma el control de la situación y vive la vida que quieres vivir. ¿Qué te lo impide? Las barreras solo están, como pepe grillo, ¡en tu cabecita pacheca!

9. El amor no es una pareja.

Todo el tiempo te harán creer que necesitas una pareja para sentirte completo y probablemente te la vas a creer muchas veces. Lo cierto es que no hay nada más falso y estúpido que eso. Naciste solo, completo y, supuestamente, capaz, ¡no te obsesiones! Tener una pareja con quién compartir tu vida es súper bonito, sin duda, pero no es lo único ni lo mejor a lo que debes aspirar. Hay muchas cosas por hacer, muchos mundos por descubrir, muchas drogas por probar (bromi) y muchas actividades y personas a las que puedes dedicarles toda esa energía y amor que tienes dentro.

10. ALV lo que no sirve.

Tu vida es como tu casa: en ella debes tener lo necesario para vivir, aquello que te es útil y, definitivamente, lo que te hace sentir bien. Lo ideal sería que no acumules cosas viejas que no ocupas ni basura que lo contamine todo. Lo mismo la vida: no importa si son personas, sentimientos, actitudes o malos hábitos: ¡alv lo que no sirve!

Llámenme Coelho si quieren, igual me vale tres kilos de serpentina. Si a alguien le sirve algo, un poquito, de todo lo que he escrito, con eso me basta y me sobra. Si no, pues tampoco habré perdido algo, porque hace mucho tiempo que quería escribir algo positivo sobre la vida y este texto es un pedacito de todo eso que para mí ha significado crecer para convertirme en una mejor persona.

 

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